El año que Sevilla salvó la carrera de Diego Armando Maradona

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Artículo publicado en Don Balón (11 julio 2015)

Posiblemente en la carrera del “pelusa”, Sevilla fue uno de los lugares donde menos destacó futbolísticamente. Su breve paso por el Sánchez Pizjuán no suele ser recordado en sus biografías.

ESCAPANDO DE ITALIA

Era el verano del 1992 en Nápoles, Diego Armando Maradona acababa de salir de su año de suspensión y el fisco italiano le apretaba las clavijas. El ’10’ volvía a jugar pero ya no era el de antes, físicamente estaba mal, él mismo confesaría a su llegada a Sevilla en Septiembre que estaba “para 45 minutos y lo que la gente le animase”. Pero ese no era el problema fundamental, con la calidad técnica que atesoraba lo físico era secundario. El argentino mentalmente estaba agotado, superado por la presión del fisco, de su sanción que le había arrebatado lo que más deseaba, el balón, y de su propia sombra.

Ese mismo verano el Sevilla parecía estar construyendo un equipo realmente competitivo. En el banquillo, Carlos Bilardo, técnico de Maradona en el Mundial de México 86, y en el césped jugadores de la talla de Davor Súker, Diego Simeone, Rafa Paz o Bango. Había equipo para estar en Europa, pero Bilardo aspiraba a más, ambicionaba con contar con el mejor del mundo, con Maradona.

“El Pelusa” quería salir de Italia aunque el Nápoles pretendía retenerlo. Marsella y Sevilla eran los más interesados, y 750 millones de pesetas y Bilardo tuvieron mucha culpa que acabara en Nervión, con parte a la FIFA de por medio para poder sacarlo del conjunto del Sur de Italia.

MEDIO MARADONA LLEGÓ A SEVILLA

Liberado, a priori, de todo el peso mental y sin la presión de ganar nada en España al no estar en uno de los equipos punteros era la hora de volver a ver una buena versión del ’10’ en el césped. Sin embargo, y pese a dejar muestras de su calidad, Maradona tampoco tenía la mente en Sevilla. Tardó poco en demostrarse que era sólo una parada más en su viaje de vuelta a Argentina y no quería demorarse demasiado.

Su debut en liga lo realizó ante el que había sido su último rival cuando jugaba en el Barcelona: El Athletic de Bilbao. Con sobrepeso notable, 32 años y temporada y media sin jugar un partido oficial su vuelta a la liga fue complicada. San Mamés, campo hostil para el argentino atizó al ’10’ con cánticos recordándole a Goikoetxea toda la noche, pero Maradona fue capaz de dejar un poco de magia y con una falta en la frontal, que colocó donde no llegan los porteros, consiguió que el meta del Athletic sólo pudiese rechazarla y como un jugador del Sevilla anotaba a placer. Minutos más tarde, Lakabeg le recordaba que estaba en Bilbao y con una entrada criminal lo mandaba al vestuario y el Athletic remontaba el partido con él en el banquillo.

Pese a ese duro debut, el juego de Maradona y, sobre todo, su forma física fueron mejorando a medida que pasaban los partidos. Después de unos primeros partidos demasiado lento, errático y sin estar acoplado todavía al equipo, el argentino perdió unos quilos, que no le hicieron que perdiera una barriga considerable pero que hizo que pudiera mostrar un poco más de su fútbol. Combinaba partidos nefastos con exhibiciones como la que realizó contra el Real Madrid en el Sánchez Pizjuan, en el que posiblemente realizó su mejor partido como sevillista.

El argentino marcaba la tónica del conjunto sevillista. Si jugaba bien, jugaban bien, si jugaba mal, jugaban mal. Tanto era así que el dibujo táctico cambiaba según la posición en la que jugara. Maradona jugó sobre todo en dos lugares, en su archiconocida mediapunta y también como segundo delantero, debido a su poco tono físico. “El Pelusa”, que no recorría muchos quilómetros durante los partidos y no hacia grandes sprints debido a que sus piernas ya no eran las de antaño, seguía manteniendo toda la calidad técnica de su juventud y su clarividencia. Aunque su físico no llegaba, su cabeza siempre iba por delante de los demás y su zurda de oro hacía el resto sirviendo balones a sus compañeros.

Si no recuperó su nivel goleador, sólo marcó 5 goles en 26 partidos, su visión de juego le mantuvo siempre por encima de la media y acabó la liga con más de 10 asistencias de gol. Una barbaridad viendo su capacidad física durante toda la temporada.

LA SELECCIÓN Y BILARDO

Tras la recuperación de su nivel, no el de sus años buenos pero un nivel al alcance de muy pocos aún así, llegó su oportunidad de volver a la selección argentina. Dos partidos, Brasil y Dinamarca fueron su pase para volver a vestir la albiceleste, y posiblemente los que comenzaron a sacarlo de Sevilla. El astro argentino jugó esos dos partidos contra la voluntad de la directiva sevillista y comenzaron los problemas. El Sevilla por medio de su vicepresidente primero por aquel entonces, José María Del Nido, mandó a Maradona y Simeone jugar contra el Logroñes y volver a Sevilla. Lo primero lo hicieron, pero como si no, la desgana fue la constante en ese partido de ambos jugadores, y lo segundo no lo cumplieron, en vez de ir a Sevilla se marcharon a Argentina a jugar con su selección.

“El Pelusa” ya estaba más fuera que dentro. Maradona, que siempre ha sido de decir lo que pensaba, ya no pensaba en Sevilla: “Si hay que quedar mal con alguien, prefiero quedar mal con el Sevilla” o “No es un misterio, mi sueño es jugar en la Juventus. En Sevilla estoy bien, pero no logro ponerme en forma mentalmente” fueron algunas de sus perlas.

Maradona tuvo que jugar muchos partidos infiltrados ya fuera por su rodilla o por su columna, que ya era la de un jugador veterano, al cual le habían dado muchos golpes. Y de tanta infiltración al final se rompió en todos los sentidos. Ante el Burgos en el Pizjuán, Bilardo obligó a Maradona jugar infiltrado ese partido, a la media parte tres pinchazos, y en el minuto 53 entrada de Aguirre y Bilardo lo cambió. En el camino del ’10’ al banquillo, un Maradona colérico insultó gravemente al técnico y ese fue su último partido en Sevilla.

Dejaba el equipo por la puerta de atrás, con dos enemigos, Carlos Bilardo y el Presidente del Sevilla, José Luis Cuervas, con el que tuvo varias polémicas desde su marcha con la selección, y conseguía volver a su Argentina.

No fue todo malo. Cinco goles, gran cantidad de pases mágicos, unas cuantas acciones al alcance de muy pocos en cada partido, una ilusión en la hinchada del Nervión cada vez que el ’10’ tocaba la pelota, un séptimo puesto en liga cuando el equipo el año anterior sólo fue decimosegundo teniendo a Zamorano, y la sensación de que Maradona había pasado a formar parte del sevillismo con su paso por el Ramón Sánchez Pizjuan.

VUELTA A ARGENTINA CAMINO DEL MUNDIAL

En Newell’s, donde sólo disputó 5 partidos, le recibieron con los brazos abiertos. Diego, su Diego, había completado la vuelta a casa. Por el camino había dejado atrás su nombre en la historia azulgrana, la gloria y la pena en Italia y una estela en Sevilla cerrando así el círculo y volviendo al club de sus amores.

En su retorno Maradona consiguió seguir en la albiceleste, incluso llegar al Mundial de 1994 donde se acabó dramáticamente su carrera como futbolista de élite, pero eso lo contaremos en otra ocasión. ¡OZÚ, DIEGO!

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Iñaki García

Periodista. En busca de contenidos que me hagan mejorar. Iñaki García

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